Champagne
Bebiendo estrellas

Sinónimo de elegancia y distinción dentro de la cultura alcohólica, el champagne se ha instalado con gloria en el Olimpo de los más refinados brebajes etílicos. El arte del vino llevado a una de sus máximas expresiones: la espuma. Ícono de celebración y festejo.



V enid, venid, hermanos, que estoy bebiendo estrellas!”. Al parecer, estas habrían sido las palabras de Dom Perignon luego de tomar por primera vez una copa del vino espumante producido por él. Pero ¿quién era este monje, cuyo nombre designa hoy a la
botella de champagne más prestigiosa de la bodega Moët & Chandon? A diferencia de lo que muchos piensan, él no fue el creador de esta bebida. En verdad, no se conoce con exactitud cuándo y dónde se sirvió la primera copa de esta variedad de vino (ya en la literatura griega aparecen referencias a su textura), pero sí es sabido cuál es en la actualidad el país que manda en el reino de las burbujas: “en el champagne brilla el genio de Francia”, dijo Voltaire hace más de dos siglos.
Dom Perignon fue uno de los padres de la patria del vino francés, un monje que en 1668 decidió hacerse cargo de las bodegas de la abadía benedictina de Hautvillers, en el corazón de la región francesa de Champagne, para pasar a la historia debido a una serie de cambios introducidos en la producción de esta bebida. Entre ellos: la génesis de un blend de características deliciosas –en aquel momento solo se utilizaba una única uva– ; la incorporación de botellas de vidrio más grueso y resistente; y la utilización de un sistema de bozal capaz de retener las burbujas dentro de la botella. Este último descubrimiento consistió en reemplazar los tapones de madera envueltos en lienzos impregnados de aceite por tapones de corcho. Ya en el siglo XVII los productores del norte de Francia embotellaban sus vinos espumantes, pero con la llegada de la primavera, los envases estallaban en la quietud de las cavas producto de la presión que ejercía el néctar allí guardado (un delicioso brebaje pero de apariencia algo turbia, hasta que el enólogo Antoine Müller ideó un sistema para decantar las borras de su efervescencia).
El mejoramiento de este sofisticado y aromático producto posibilitó su desembarco en la catedral de Notre Dame, en París; y en la basílica de Reims, más precisamente en las ceremonias de coronación de los reyes de Francia. Con el nombre de champagne, dado por su región de procedencia, este coqueteo con los miembros de la realeza le confirió la pompa y el refinamiento de los que aún goza. Lo que siguió a continuación es historia conocida. Solo los vinos originarios de la región más septentrional de Francia, elaborados conforme al método champenoise (*), pueden ser denominados champagne. El resto, en ese mismo país, es vin mousseux o vin pétillant; y en el mundo (hay 50 países productores), vinos espumantes, sparkling o spumanti… En cada país una gracia distinta.
El 70 por ciento de la región de Champagne (34 mil hectáreas) está cubierto de viñas sembradas con las tres variedades de uvas autorizadas para la elaboración de estos delicados vinos burbujeantes: Chardonnay (24% de la superficie), Pinot Noir (28%) y Pinot Meunier (48%). El vino denominado Blanc de Blanc es aquel que está elaborado únicamente con uvas blancas (Chardonnay), mientras que Blanc de Noirs es el resultado de la vinificación de las dos cepas tintas.
Esta es la primera gran categorización. En cavas, góndolas y vinotecas las variedades son aun mayores, lo que exige saber leer sus etiquetas para no cometer errores en la elección. Por ejemplo, de acuerdo con la cantidad de azúcar agregada en su segunda fermentación se obtienen vinos con diferentes niveles de dulzura: Extra Brut (menos de 6 gr. de azúcar por litro); Brut (menos de 15 gr.); Extra Sec (de 12 a 20 gr.); Sec (de 17 a 35 gr.); Demi Sec (de 33 a 50 gr., ideal para acompañar postres de frutas); y el más dulce de todos: Doux (con más de 50 gr.).
Asimismo, como consecuencia del proceso de elaboración se pueden obtener diferentes clases de champagne. Por encima de la categoría Millesimé (que corresponde a un vino con añada, elaborado solo en tiempos de cosechas excepcionales, sin tantas lluvias), existe uno de mayor nivel de excelencia, denominado Cuvée de Prestige, el embajador de las casas productoras. Entre ellos: Dom Perignon, de la bodega Moët & Chandon; Cristal, de la empresa Louis Roederer; La Grande Dome, de Veuve Clicquot Ponsardin; y Comtes de Champagne, de la firma Taittinger. La extraordinaria calidad de estos vinos guarda estrecha relación con su precio.  En marzo de 2008, solo cien personas en todo el mundo pudieron darse el gusto de comprar el Perrier-Jouët de la bodega Pernod-Ricard, que se vendió a razón de 4.166 euros la botella de 750cl, destronando a la serie limitada de Dom Perignon, que hasta entonces era el champagne más caro del mundo (4.000 euros el litro). Sin embargo, en mayo de 2010, una subasta realizada en el hotel Ritz Carlton de Moscú dejó a todos perplejos: el Heidsiek de 1907 alcanzó el precio de 275 mil dólares la botella, un envase descubierto en 1997 por un submarinista en la bodega de un barco que había naufragado durante su travesía a Rusia.

Cualquiera sea su etiqueta, para disfrutar el fino y refrescante cosquilleo de la burbuja en la garganta, los expertos recomiendan colocar la botella en una champañera con agua y cubitos hasta el cuello del envase para enfriarla con suavidad. Una vez que su temperatura llega a los 8 o 9 grados centígrados, se puede destapar, servir en copa flute y brindar por un feliz 2011.

Las 5 mejores etiquetas
A principios de 2010, los críticos de vino y sommeliers más respetados del mundo dejaron a un lado la imagen de la marca y los precios con el fin de llevar a cabo una cata a ciegas, rigurosa, de más de mil marcas. Los resultados (en una escala de 100 puntos) fueron publicados en la revista Fine Champagne, la única publicación internacional dedicada al champagne, y una autoridad dentro de la industria.

1 - Armand, de Brignac Brut Gold (96 puntos)
Este cuvée de prestigio está elaborado con Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier en partes iguales. Es imponente y fino a la vez. Además de sus tres presentaciones clásicas, su inconfundible botella enchapada en oro con la imagen del as de pique ha sido lanzada en un nuevo tamaño. Su edición exclusiva de 3 l, llamada ‘Jeroboam’, se consigue mediante pedidos especiales.



2 -  2000 Dom Perignon (95 puntos)
Encanto sin igual, un clásico que marca tendencia y un estilo. De gran seducción al paladar y prestancia. Nacido de uvas Pinot Noir y Chardonnay recolectadas a fines del siglo pasado. Este champagne se produce únicamente cuando hay muy buenas añadas. Para adquirir el exquisito sabor necesita un mínimo de siete años de envejecimiento en bodega, por eso es único y tiene un encanto indefinible.



3 - 2002 Roederer Cristal (94 puntos)
Refinado hasta en su etiqueta, de profundo sabor y frescura. Está hecho con una importante cantidad de Chardonnay y presenta un bouquet delicado. Cristal sigue elaborándose como se hacía tiempo atrás para el Zar Alexander II. Se produce solo en un “gran año”, con las mismas exigencias y el mismo esmero de hace más de un siglo. Extraordinaria calidad.



4 - 2002 Roederer Cristal Rosé (93 puntos)
Considerado el mejor champagne rosado del mundo, está elaborado con Pinot Noir y Chardonnay. La añada excepcional 2002 ha sido, literalmente, capturada en esta bebida. Es suave, fresco y cautivante.



5 - 1999 Jacquart Blanc de Blancs (93 puntos)
Armonía y delicadeza destacan a este finísimo champagne, elaborado únicamente con uva Chardonnay en la excelente añada 1999. Combina a la perfección el arte de la botella con el placer de degustarlo.

 


ROOMIN Nº15

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