Chile, Santiago - The Ritz Carlton
Único en su especie

En la capital chilena, el único Ritz de Sudamérica reúne tradición, elegancia y sofisticación. Buen gusto a los pies de la Cordillera de los Andes.



U na espaciosa cama cubierta con pétalos de rosa, colocados en forma de flor; servicio de bath butler –baño aromático– en la habitación; un conserje dispuesto a conseguirle al huésped entradas para el espectáculo que esa misma noche, y por única vez, se
presenta en Santiago; un cigar club de extraordinarias características; un bar que ofrece 365 vinos –sí, uno para cada día del año–; un restaurante distinguido por críticos y entendidos que destacan su cocina mediterránea; un health & fitness center revitalizante y una piscina de agua cálida, coronada en el piso 15 con una cúpula de cristal que domina los picos nevados de la Cordillera de los Andes.
Estas son algunas de las características que convierten al hotel Ritz Carlton de Santiago en la opción más preciada entre los amantes del buen vivir que, ya sea por trabajo o por placer, viajan a la capital chilena. “Hasta hace poco solía hospedarme en otro hotel de excelentes características también, muy cerca de acá. Pero desde que descubrí la atención del Ritz no lo cambio por nada”, sostiene un empresario de la India, en perfecto inglés, mientras saborea un pisco sour en el bar.
Sin duda, la historia detrás de su nombre avala un servicio basado en la perfección y la elegancia. Tanto la esencia del mítico Ritz de París como la del Carlton de Londres responden a un mismo hombre: César Ritz. En 1898, el décimo tercer hijo del alcalde de Niederwald (Suiza), inauguraba en la ciudad de las luces lo que más tarde se convertiría en el hotel más emblemático de todos los tiempos. Tan es así que reyes, príncipes, magnates empresarios, presidentes, personalidades del séptimo arte y de la moda encontraron en el número 13 de la Placé de Vendôme un refugio encantador, cuyo leit motiv estaba dado por el refinamiento de sus instalaciones y la excelencia del servicio.
Tal vez haya sido en el Ritz que el gran Marcel Proust encontrara inspiración para su emblemática novela En busca del tiempo perdido. Lo mismo pudo haber ocurrido con alguna de las colecciones diseñadas por Coco Chanel. “Hay que venir aquí con la esperanza de olvidar, de conocer, de descubrir”, dijo alguna vez Ernest Hemingway, cuyo apellido designa a uno de los cuatro bares del hotel. Son numerosos los huéspedes ilustres que se podrían mencionar a lo largo de un siglo de historia. Sin importar cuáles fueran sus métier, todos ellos encontraron en este palacete de inmejorable ubicación, una atmósfera íntima, cálida y sofisticada. El Ritz de París fue pionero en muchos aspectos. Entre ellos, instauró la moda del five o’clock tea y las costumbres de los cócteles y cenas fuera de la casa. Y su fama bien ganada pronto derivó en un nuevo vocablo. La gente comenzó a utilizar la palabra “ritzy” como sinónimo de “glamoroso”.

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Ese refinamiento que tan bien se llevaba con París a principios del siglo pasado, se trasladó a otras partes del mundo. Hoy, la cadena Ritz Carlton cuenta con 73 hoteles en 24 países, y el de la capital chilena es el único en América del Sur. Su ubicación es inmejorable. Queda en El Golf, una de las áreas residenciales más sofisticadas de Santiago, que en los últimos tiempos se ha convertido en el epicentro del business, las grandes marcas y la gastronomía más exquisita.
Fue en julio de 2003 cuando la marca hotelera concebida para miembros de la realeza y la aristocracia europea desembarcó en Sudamérica. La estabilidad económica de Chile, asociada a un boom en el consumo de marcas de lujo, delineó el escenario propicio.
Aquí, uno no tiene más opción que sentirse dentro de mansión señorial: majestuosas arañas, muebles de roble de Eslovenia, suelos enmoquetados, lámparas francesas, pesados cortinados, boiseries, marcos dorados, libros decimonónicos, lapislázuli y objetos de arte en todos los rincones.
Las elegantes salas de reuniones y el lugar de la ciudad donde está situado son dos razones por las que hombres y mujeres que viajan a Santiago en plan de negocios no dudan en elegir al Ritz Carlton para su alojamiento en el “nuevo centro de la ciudad”.   Para los que viajan por placer, la ubicación del hotel no es un tema menor: a minutos, en el vecindario de Vitacura, se encuentran las boutiques más prestigiosas del mundo y las tiendas nacionales más importantes. Un recorrido por estas veredas nos pone de cara a las últimas colecciones de Salvatore Ferragamo, Louis Vuitton, Ralph Lauren, Cartier, Hermès o Emporio Armani, entre otros. En menos de 200 metros, un paseo de compras de la más alta gama (calles Nueva Costanera y Alonso de Córdova). Las joyerías, por supuesto, también están muy bien representadas por firmas como Swarovski, Faba, Ilaria-Perú y El Tupo. Recorrer las calles de Vitacura se ha convertido en un must del turismo en Santiago.
En el piso 15 del Ritz Carlton, el punto más elevado del edificio, la piscina y el jacuzzi son un verdadero deleite, tanto por las sensaciones que provocan sus aguas cálidas como por la vista privilegiada que se contempla desde este nivel. Los ventanales, que van del techo al piso, permiten apreciar las arquitecturas contemporáneas de la ciudad, y más allá, el cordón montañoso más importante de América del Sur. La postal de 180 grados es perfecta y, más aún, después de sucumbir ante la presión de pulgares que tan bien ejerce una de las expertas del spa.
Para las sociales, hay dos ambientes muy celebrados por los visitantes. Uno es el Cigar Club, donde los amantes del buen tabaco cuentan con un walk in humidor de cincuenta lockers, cuya temperatura y humedad están herméticamente controladas por un sistema de tecnología de avanzada que preserva los habanos de cada uno de los socios en perfectas condiciones. El otro, el bar Wine 365, ofrece una carta de vinos que es la más completa de Chile y la más exclusiva en cuanto a cepas francesas. Aquí se desmitifica el hecho de que el vino acompaña a la comida y se le otorga especial protagonismo. El sommelier Christian Vargas es de gran ayuda en este aspecto, y una vez que el huésped hace su elección, éste le aconseja cuál es el plato que mejor acompaña a esa cepa (Recomendación extra: si visitan el hotel en primavera o en verano, no dejen de pasar por la terraza del Wine 365).
A dos calles del hotel, por la avenida Isidora Goyenechea, existe una amplia variedad de ofertas gastronómicas. De todos modos, vale la pena reservarse al menos una noche para cenar en Adrá, el restó del hotel, a cargo del chef Tomás Olivera. Las recomendaciones del maître no fallan y el congrio frito con papas mayo, además de ser un plato típico chileno, es una verdadera delicia.

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Dormir en las camas Ritz-Carlton es como descansar sobre nubes. El secreto está en el feather bed: un plumón de plumas de pecho de ganso que se coloca sobre el colchón, debajo de las sábanas de 850 hilos –otro ingrediente seductor–. Respecto de los servicios disponibles en las habitaciones, quizás el más distintivo es el bath butler, que realiza el mayordomo de cada piso en el baño del huésped. Creánme que vale la pena tomar un wine bath para experimentar las propiedades antioxidantes del vino tinto en combinación con las cualidades exfoliantes de la avena. Un placer altamente relajante. Pero si el huésped desea más privacidad aún, puede optar por una habitación en los pisos 9, 10 u 11; es decir, en el Ritz Carlton Club Level. La experiencia aquí es la de un hotel boutique. Sí, un hotel dentro de un hotel. Con su propio gerente, mayordomo y check in privado. Entre las comodidades especiales se ofrecen cuatro presentaciones gourmet al día: desayuno, almuerzo, merienda y cena. Pero sin duda, el toque de singularidad que acredita el sello de la marca es la presencia de un Club Concierge, una especie de trip planner capaz de planear toda su estadía, ocupándose incluso de los detalles más impensados: desde organizar un tour por los paisajes chilenos hasta resolver el extravío de una maleta en el aeropuerto; dar con el regalo de cumpleaños indicado para su pareja o conseguir las entradas para ver el partido final de la Copa Davis…
¿Qué hace que el Ritz Carlton siga cosechando premios y elogios por parte de las organizaciones líderes que califican la industria de la hospitalidad? La respuesta es simple. La excelencia en diversos aspectos: en la ubicación de privilegio, en los altos estándares de calidad de sus prestaciones y en el trato profesional y al mismo tiempo cálido de su personal. Los 207 empleados del hotel superan el número de habitaciones (205) y aseguran un trato muy personalizado. En definitiva, el gran acierto de esta cadena –adquirida desde hace unos años por Marriott International- es mantenerse fiel a la exquisita tradición con la que fue concebido el Ritz de París. Un espíritu forjado en la obsesión por los detalles y en la búsqueda constante de la perfección y la belleza. Ese mismo espíritu con el que César Ritz fundó también el hotel Carlton de Londres, y que le valió el elogio del propio Eduardo VII: “El hotelero de los reyes y el rey de los hoteleros”.

 

Por Lorena Blázquez. Fotos: gentileza The Ritz Carlton y Sofía Ferrante.

GPS
Dirección: El Alcalde 15, Las Condes, Santiago Chile
Distancias: a 20 km. del aeropuerto y a 7 km. del centro de Santiago.
Cómo llegar: desde el aeropuerto internacional Merino Benítez se debe tomar el camino Nueva Costanera y doblar a la izquierda en la calle Isidora Goyenechea. En la intersección con la calle La Pastora, doblar a la derecha. Esta carretera desemboca en El Alcalde, a metros del hotel.
Web: www.ritzcarlton.com
E-mail: santiago.concierge@ritzcarlton.com
Tel: (+562) 470.8500


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