Estados Unidos, Miami - ONE Bal Harbour Resort & Spa
Sin City, la ciudad del pecado

En la caliente península del estado de Florida, Miami sigue siendo un faro de atracción para turistas de todo el mundo. Día y noche, la industria de la diversión despliega todas sus artes. Divinas tentaciones a orillas del Atlántico Norte.       



M anejo por avenida Collins desde Bal Harbourhasta South Beach. De un lado, una pequeña bahía con mansiones, yates y fiestas privadas; del otro, luces de neón, hoteles de arquitectura art déco y todas las atracciones turísticas sobre las primeras cuadras
de la clásica Ocean Drive. Como en una escenografía propia del director Michael Mann, una imagen brota de la mente: Sonny Crockett (Don Johnson) manejando su Ferrari Daytona Spyder 365 GTS/4, modelo 1972, color negra. De saco Armani arremangado (rosado o blanco), combinado con una remera de cuello redondo (amarilla, turquesa o negra) y pantalones pinzados. Un estilo que marcó una década, la de los 80, y a una ciudad, Miami, por el resto de sus días. Como en la serie, en este lugar se respira y se vive de noche. Es una meca del entretenimiento para adultos: clubes, discos, shows internacionales, desfiles y eventos deportivos son opciones diarias en una metrópolis que no deja de sorprender más allá de ser un clásico en el circuito turístico mundial. Si sonara en la radio “In The air Tonight, de Phill Colins, sería demasiado.

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Comenzar la mañana con un mocachino extra hot en Books & Books, en el segundo nivel del Bal Harbour Shops, es casi una obligación. Esta inspiradora tienda que combina desayunos, libros y revistas resulta ideal para hombres en la no tan dulce espera del paseo de compras más peligroso de sus parejas. Desde hace 40 años, Bal Harbour Shops es el destino de shopping más exclusivo de Florida. Con más de 100 marcas líderes de diseñadores internacionales, supera a lugares como Madison Avenue (Nueva York), Causeway Bayen (Hong Kong) o Champs-Elyssées (París). No sería extraño cruzarse por aquí con Jennifer Lopez, Beyoncé, Shakira, Justin Timberlake o algún otro de los chicos populares que compran en esta tienda. Cartier, Chanel, Dior, Dolce & Gabbana, Gucci y Jimmy Choo son los que van marcando las temporadas en el almanaque y regulando las mareas de consumo. Es casi la antítesis del mall tradicional: hay espacios al aire libre, jardines zen, espejos de agua con carpas de colores y estacionamiento con cargo. Así y aquí late el corazón de Bal Harbour, un pequeño condado de una milla cuadrada de extensión convertido en un oasis maravilloso y perverso para cualquier bolsillo, a solo 15 minutos de la ruidosa y latina South Beach, en Miami.
Ubicado en el paradisíaco microcosmos de una playa con aguas cristalinas, el ONE Bal Harbour Resort & Spa cuenta con un lobby de dos plantas, enmarcado por columnas de jatoba -árbol típico del Caribe-, paredes tapizadas de piel y pisos de mármol. En este lugar, los deseos de los huéspedes son consentidos sin excepción -como en toda la ciudad de Bal Harbour-: asistente de compras, mayordomo personal, servicio de spa en la habitación o frente al mar, transporte en coches de lujo, yates o jets privados son algunas de las opciones disponibles. Hasta las mascotas son bienvenidas en el ONE, que también dispone de espacios especiales para perros y gatos.
Con apenas dos años de existencia, el resort logró convertirse en el favorito de ilustres y viajeros exigentes. Sus cuatro torres de cristal curvado, erigidas sobre la bahía Bakers Haulover, encierran suites de diseño contemporáneo con una vista única de la unión entre el canal y el mar. Un late breakfast en sus balcones es ideal para ver yates y veleros iniciando su peregrinación marítima a las islas del caribe.

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La historia y el pulso de Miami se concentran en un puñado de veredas a la vera de Ocean Drive, fibra y ADN de la ciudad: gimnasios al aire libre, palmeras, chicas en bikini deslizándose sobre rollers, típicos restaurantes de costanera, langostas extra large, menúes gritados a viva voz, hip hop a todo volumen desde Camaros, Mustangs  Corvettes, y el auténtico hot dog asado con mostaza, queso fundido y Corona bien helada. La mansión de Giani Versace es también parte viva de este tejido cultural integrado por dominicanos, cubanos, venezolanos y otros pueblos latinos. Todo un gesto el del italianísimo diseñador, quien eligió vivir y morir en el lugar menos chic pero más auténtico de la ciudad.
Un poco más lejos de la costanera, calles adentro, es domingo de fútbol americano en el 8 oz. Burger Bar, una contracultura en el mundo del fast food: las hamburguesas son caseras, altas y azadas a la parrilla. En las ocho pantallas gigantes alta definición que hay dentro del bar, los Miami Dolphins, el equipo local, convierte un touch down y el público entra en ebullición. Acá no hay turistas ni latinos, por lo que el soccer está completamente desterrado. Nadie comprende que puedan transcurrir 90 minutos de juego sin goles. En los Estados Unidos, en general, la libido popular está puesta en el fútbol americano, el béisbol y el básquet, deportes en los que el tanteador se va modificando minuto tras minuto. Una sociedad que convierte la practicidad en estilo de vida.

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La noche en South Beach es una verdadera fanfarria: las modernas limosinas Hummer se cruzan con deportivos de Ferrari o Lamborghini y elegantes Rolls-Royce. El hotel Fontainebleau parece ser uno de los picos más elevados de la movida nocturna, una vidriera de chicas “barbie” enfundadas con los mejores diseños de la alta costura y caballeros con sed de diversión. Esta noche, Liv, la disco del hotel, recibe a dj Tiesto, pope de la música electrónica. Desde uno de sus reservados lounges, área exclusiva para ricos y famosos, la imagen de la pista confirma a Miami entre las más icónicas sin cities del mapa: luces calientes, cuerpos danzantes y tragos. Más de mil almas saltan con Tiesto y levantan la temperatura ambiente. Showtime.
Después de Liv¸ la ruta nocturna conduce hasta The Florida Room, en el hotel Delano. Por su impresionante piano Lucite pasan cada tanto celebrities como Lenny Kravitz y el actor Jamie Foxx. La decoración evoca la estética de los años 50, aunque su arquitectura es minimalista. Espejos, madera y bronce alrededor; copas y codos en la barra. La carta de cócteles incluye más de 30 tragos originales, pero no se puede con todos, la noche y las alternativas siguen. Cuando una discoteca apaga las luces, un after se enciende; cuando un bar cierra, otro abre, como en toda sin city que se precie de tal. “Uno no se reforma, solo pierde fuerza con el tiempo”, decía Carlitos Brigante (el bueno de Al Pacino) en la película Carlito’s Way. Por suerte, para ejercitarnos, siempre tendremos Miami.

Por Damián Deferrari. Fotos: Latinstock, gentileza ONE Bal Harbour y Bal Harbour Shop.

GPS
Dirección: 10295 Collins Avenue, Miami Beach.
Distancias: a 19,3 km del aeropuerto Internacional de Miami y a pocas cuadras del Shopping Bal Harbour.
Cómo llegar: desde el aeropuerto tomar la autopista Dolphins 836 hacia el Oeste. En la intersección con la calle 95 Norte, tomar la 95 Norte, mantenerse en el carril izquierdo para luego tomar la 195 Oeste. La autovía desemboca en Collins Av.
Web: www.oneluxuryhotels.com
E-mail: info@oneluxuryhotels.com
Tel: 1 (305) 455 5400


ROOMIN Nº15

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