México, Chichén Itzá - Hacienda San José
Huellas de un enigma

Cuna de mitos y leyendas, la península de Yucatán encierra los secretos de la civilización maya. La clave para descubrirlos: cambiar el ruidoso escenario de los Resorts de Cancún, por la calma y la belleza de Hacienda San José.


E

n silencio. Casi como si se tratara de un ritual religioso. Decenas, cientos, miles de personas pisan delante de mí las huellas de una civilización que marcó la historia hace más de mil quinientos años. “El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo

invisible”, escribió Oscar Wilde. Y lo imagino frente a la Pirámide de Kukulcán (serpiente con plumas), un 20 de marzo o 21 de septiembre (los únicos dos días posibles del equinoccio, no importa el año) viendo las serpientes de piedras, efigies del Dios Kukulcán, que cobran vida a las 3 de la tarde y se deslizan como rayos de sol hasta la tierra, en una demostración soberbia de astronomía, religión y arquitectura combinadas a la perfección.

Recorrer las 47 hectáreas de Chichén Itzá –ciudad estado de la civilización maya–, potencia los sentidos y golpea el conocimiento. El Castillo, así llamaron los españoles que colonizaron la península de Yucatán en el siglo XV a la pirámide por no comprender de qué se trataba. Tiene 365 escalones. Cada uno equivalente a un día del calendario. En sus casi 30 metros de alto por 60 de lado (cinco veces menor a la pirámide de Keops, en Egipto, y menos de un tercio de la pirámide del Sol de Teotihuacán, en México), los mayas concentraron y dejaron testimonio de su sabiduría. Ciclos y períodos de siembra, lluvias y cosechas. Equinoccios y solsticios. La relación del volumen entre la Tierra y la luna. No hay explicación lógica que permita entender el conocimiento detallado del tiempo, el espacio, las matemáticas, la astronomía y las demás ciencias que fueron necesarias para tan precisas conclusiones. Todas ellas integradas en una sola construcción tan perfecta que asusta.

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Amanezco sobre el mediodía un poco desorientado. Es la primera noche en un nuevo destino y me sorprende el cambio de escenografía. Son esos segundos en los que uno tarda en darse cuenta de que está fuera de casa. Pero en este viaje la sensación se hace aún más extraña, porque también parecen cambiar los tiempos. Si mi visita a Chichen Itzá me transportó sin escalas al siglo XI, hoy me despierto en el 1900. Los techos altos y la exclusiva decoración de mi habitación evocan el esplendor de las épocas pasadas en las que las plantaciones de henequén (una planta baja, de hojas verdes y tronco de palmera, de donde proviene el hilo sisal) ocuparon grandes extensiones de tierra –particularmente en el norte de la península de Yucatán– y comenzaron a generar ingresos millonarios. Así nacieron las haciendas. La gran mayoría tiene puertas dobles y techos de 5.5 metros con vigas y barras. Aquí las camas de madera son hermosas y las hamacas tejidas en algodón son un convite al relax. Pasé la noche en la casa del patrón (garden suite) de Estancia San José, una de las cinco haciendas administradas por Starwood Hotel & Resorts en México. Aquí hay una sala separada del cuarto principal, dos terrazas con vista a los jardines y un aljibe privado rodeado por árboles añosos. Al costado, una capilla del siglo XVIII. Es, literalmente, una postal del México colonial. Solo faltan El Zorro y el Sargento García.

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Convertida en un hotel desde 1998, y adquirida por la cadena en 2001, Hacienda San José fue nominada por la revista Condé Nast como uno de los mejores hoteles del mundo e integra el porfolio de los denominados The Luxury Collection Hotels & Resorts, una distinción que premia su valioso legado histórico y cultural. Con la particular ventaja de estar muy cerca de Chichén Itzá, San José es el destino elegido por quienes escapan de la fiesta en el spring break eterno de Cancún, otro de los puntos desde el que se puede llegar a las ruinas. A solo media hora de aquí se encuentra la ciudad de Mérida, capital del estado de Yucatán y punto inicial de esta travesía si se viene por aire.

Fundada el 6 de enero de 1542 por Francisco de Montejo, Mérida es una ciudad con un importante patrimonio histórico y cultural. Con casi 800 mil habitantes, es una de las urbes más antiguas de México. Al hotel se llega luego de atravesar el centro del pueblo de Tixcocob y Euan. Un cartel con la leyenda Hacienda San José Cholul –tal su nombre original del 1700– indica que es momento de doblar a la izquierda y dejar atrás los tiempos modernos. Son dos kilómetros sobre un camino casi mágico, de arcadas con flores cortadas casi a la perfección, hacia las auténticas y tan relajantes palapas mayas.

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Subir los 75 escalones de uno de los lados de la pirámide exige seguir al pie de la letra el consejo del guía. “Para no cansarse, háganlo en diagonal. No enfrenten el desnivel en forma recta porque así es muy difícil.” Cumplida la consigna, desde la cima todo parece verse más claro. La inmensidad de Chichen Itzá, su compleja arquitectura citadina, sus mitos, leyendas y enigmas aún no revelados. La vista muestra en primer plano al Templo de los Guerreros. Al fondo de este santuario, un altar sostenido por varias filas de figuras humanas, tipo Atlantes, imponen respeto y temor. Al frente, doscientas columnas que en un tiempo estuvieron techadas, suman más guerreros a esta fortaleza de piedra. De nuevo en el llano, todo se vuelve mucho más sombrío. El Cenote Sagrado y el Gran Tribunal de Pelota, son testigos silenciosos de su adoración sagrada. El primero, un pozo de alrededor de sesenta metros de diámetro por veintisiete de profundidad, se dice que aún alberga las almas de hombres, mujeres y niños sacrificados como ofrenda a Chac, el dios de la lluvia. En el segundo, se disputaban juegos con una dura pelota de caucho, que debía atravesar un círculo solo con golpes de cadera. Para los ganadores, joyas y ropa lujosa. Los perdedores sufrían algo más que humillación: les cotaban sus cabezas. La sangre y la violencia dicen presente en todo el recorrido, amparadas bajo sus rituales religiosos.

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Desde sus orígenes, los edificios mayas conservan deidad y misticismo. Sus misterios no han sido revelados aún por completo. Los custodios de la historia se hacen presentes en cada tramo del recorrido e intimidan desde sus imágenes de piedra. En algunos casos son guerreros. En otros, una mezcla de pájaro, serpiente y hombre. En todos, la sensación es la misma. Allí, parado sobre tierra seca y desgarrada, producto de un sol que no da tregua, los misterios de esta civilización son los únicos que se mantienen frescos.

Por Martín Damián Nahra

TIPS
GPS: Km. 30 de la ruta Tixkokob-Tekantó, Península de Yucatán
Distancias: a 33 km. del aeropuerto internacional de Mérida y a 282 km. de Cancún.
Cómo llegar: desde el aeropuerto internacional de Mérida, dirigirse hacía Tixkokob. Una vez en el pueblo, seguir las indicaciones hasta Euán y doblar a la izquierda. En el km. 30, un cartel anuncia la llegada a Hacienda San José Cholul, ubicada a 2 km. del camino principal.
Web: www.thehaciendas.com
E-mail: reservations1@thehaciendas.com
Tel: (52 999) 924 13 33


ROOMIN Nº15

Viajes Extraordinarios