Chile, Desierto de Atacama - Hotel Tierra Atacama
Ecos del Big Bang

Viaje a las profundidades del desierto más árido del mundo, hospedados en el Hotel Tierra Atacama, un oasis 5 estrellas a la vera del pueblo de San Pedro. paisajes y sensaciones que remiten tanto al origen como al fin de los tiempos.


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ace más de 300 años que no llueve. Hay pedazos de desierto que olvidaron por completo el peso de una gota de agua. Está considerado el lugar más árido del mundo, incluso más que el desierto del Kalahari, en África. No existen obstáculos entre la faz de

la Tierra y el sol, apenas unas nubes transitorias y algunos cactus con perfiles fantasmagóricos y espinas lacerantes. La luz del día despunta como resplandor nuclear, las noches parecieran ser las más estrelladas del globo. Situado sobre el trópico de Capricornio, el desierto de Atacama no distingue veranos de inviernos. El clima es un estado permanente desde hace 10 mil años –cuando se asentaron los primeros pobladores–; la geografía, un escenario astronómico que remite tanto al origen de la Tierra como a sus últimos días. Las impresiones varían. Los géiseres de Tatio (a 4.200 metros de altura) y sus erupciones de agua caliente y vapor sellan a fuego un paisaje apocalíptico. Hay moles de piedra en los páramos, figuras modeladas por el viento como colosos de un mundo abandonado; planicies, cráteres, kilómetros y kilómetros de dunas. Es un lugar fascinante, un viaje en el tiempo y el espacio. Probablemente, la experiencia más cercana a conocer otro planeta. Ni charles Darwin ni James Bond vieron llover en Atacama. Entre sus visitas a este desierto se interpone una brecha de más de un siglo y medio –y ninguna precipitación–. El naturalista inglés llegó a las costas del Pacífico Sur en 1832, a bordo del legendario HMS Beagle, con el fin de continuar catalogando lo que Pablo Neruda definió “el tesoro plenario de la naturaleza (…) ríos, flores, moluscos y volcanes”. No prosperó demasiado su bestiario en Atacama, la “barrera más infranqueable que el mar más terrible”, según el propio Darwin. Con un largo aproximado de 300 kilómetros y un ancho de 60, el desierto se encuentra encajonado entre la Cordillera de los Andes y los despeñaderos costeros del norte chileno. De manera que toda condensación de agua procedente de los océanos queda bloqueada en la periferia por las elevaciones rocosas. La humedad relativa del aire es de apenas 18 por ciento, la temperatura puede caer por la noche hasta los 25°C bajo cero en la zona de Ollagüe, mientras que durante el día se sitúa entre los 25 y 30°C. En tan inhóspita climatología, no fueron muchas las especies que el joven Darwin pudo catalogar durante sus dos meses de travesía terrestre por la región de Atacama, reino de llamas, vicuñas y guanacos. Por motivos diferentes, el también británico James Bond, en la versión interpretada por el actor Daniel Craig, estuvo aquí hace un par de años. Su misión, mucho más modesta: rodar escenas de Quantum of Solace, la última entrega de la saga 007. La filmación se realizó en los alrededores de la ciudad de Antofagasta (1.368 kilómetros al norte de Santiago), entre estaciones ferroviarias antiguas y los sofisticados telescopios del observatorio Paranal. La geografía enrarecida del altiplano ha alimentado a lo largo de los años historias de todo tipo y género.

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Estamos en el hotel Tierra Atacama, en una habitación que uno cree haber visto en África mía o en películas del estilo. Es luminosa, tiene ventanales amplios, cama con dosel, terraza al desierto, y a sus plantas, rendido el volcán Licancabur. Conserva la simpleza y el encanto austero de las construcciones originarias, más cercanas a expresiones naturales de la tierra que a monumentos del ego arquitectónico. Son 32 habitaciones alineadas en dos niveles y orientadas al llano. Cada una de ellas con vista al volcán. Por filosofía del establecimiento, para sentir la respiración del desierto contra el vidrio, ninguna cuenta con televisor, aunque puede encontrarse uno en el living del módulo principal. La simbiosis entre hotelería 5 estrellas y la esencia del altiplano es magnífica. Su diseño total preserva y evoca las tradiciones locales, por lo que el adobe, la piedra y la madera se reinventan en una moderna y espaciosa construcción horizontal. Este es un lugar estratégico, un elegante “centro de operaciones” para la conquista del desierto. Está ubicado a 15 minutos del corazón de un pueblo que flota en el tiempo: San Pedro de Atacama. Incas, aymaras y atacameños se asentaron en estos dominios hace 10 mil años. Hoy emerge de las napas de la Historia un manantial de cultura precolombina que riega calles de tierra, casas de adobe y árboles esteparios. Aquí, en San Pedro, el clima sí es apacible las cuatro estaciones y el flujo de turismo internacional es continuo. El hotel ofrece a los viajeros el transporte y el equipo adecuados para cada una de las expediciones a las entrañas del desierto. Desde el Valle de la Luna –y su extraordinaria similitud con la superficie lunar– hasta el Salar del Tara –una alucinación solarizada a 4.300 metros de altura–, las alternativas de una exploración profunda de la región son fabulosas. Hay guías profesionales que se manejan en estas latitudes como por su casa, y un grupo de personas dentro del hotel que hace sentir al huésped como en la suya propia.

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Noche en el “despoblado infernal” – así lo llamaron alguna vez los primeros colonos españoles–. Avestruz de cena, dientes morados por el mejor vino tinto chileno en el restaurante del hotel. Noche, toneladas de noche y estrellas en un dormitorio devenido planetario; del otro lado del vidrio, la estepa perfecta. “Si la Tierra estuviera rodeada de desiertos, como verdaderas hogueras”, escribe Darwin, “¿quién dejaría de experimentar una profunda sensación al borde de esos límites impuestos por la naturaleza a los conocimientos humanos?”. Dos fuerzas paradójicas colisionan en este escenario extremo: el poder devastador de la naturaleza y la supremacía de la vida, aun en los confines más improbables. Todavía parecen escucharse los ecos del Big Bang en Atacama.

Por Damián Richarte

TIPS
GPS: Camino Sequitor s/nº Ayilú de Yaye, San Pedro de Atacama
Distancias: a 1567 kilómetros de Santiago.
Cómo llegar: desde el aeropuerto de Santiago, se debe tomar un vuelo hacía Calama, el aeropuerto más cercano a San Pedro. El viaje demora alrededor de 2 horas y hay frecuencia diaria. Tierra Atacama se encuentra a 100 kilómetros del aeropuerto, tomando la ruta internacional.
Web: www.tierraatacama.com
E-mail: reservas@iguazugrand.com
Tel: (56 55) 55 59 77 ; (56 55) 55 59 76


ROOMIN Nº15

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