Argentina, Cataratas del Iguazú - Hotel Iguazú Grand
Cuentos de la selva

En el extremo norte de la Provincia de Misiones, el parque nacional Iguazú constituye un santuario de biodiversidad subtropical único en el mundo. una estadía en el Hotel Iguazú Grand para conocer los secretos de la jungla.


G arganta del Diablo”: metáfora definitiva que designa al núcleo de este espectáculo natural difícil de comparar y describir; nave principal de un templo forjado por la geología, la leyenda y el devenir histórico del continente. Según los dueños biológicos

de la región, en el comienzo de los tiempos, el río Iguazú discurría mansamente, sin saltos ni cascadas. Era territorio de guaraníes que adoraban al dios Tupá y alimentaban a su hijo Mboí, una monstruosa serpiente de río. Cada año, una virgen era arrojada a las aguas y devorada por Mboí en una ceremonia multitudinaria. Pero un día fue el turno de la bella Naipí y la historia y el paisaje cambiaron para siempre: a punto de consumarse el sacrificio, un guerrero llamado Tarobá acudió al rescate de Naipí y juntos lograron fugarse en canoa. Mboí corcoveó de furia por los aires y penetró en las vísceras de la tierra: las aguas se estremecieron a causa del impacto y brotó del río un monumental escalón de piedra. Naipí quedó transformada en una de las rocas centrales de las Cataratas, condenada de por vida al azote de las aguas; y Tarobá se convirtió en una palmera inclinada al borde del peñasco. Mboí, por su parte, se sumergió en la Garganta del Diablo para vigilar a los amantes desde las profundidades. Los días de sol, cuenta la leyenda, el arco iris tiende un puente que reúne a los fugitivos.

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Hotel Iguazú Grand, restaurante El Jardín. Afuera relampaguea. Una tormenta explosiva se cierne sobre el parque, cuadro perfecto de la estación subtropical: palmeras, piscina con isla, césped impecable y reposeras desplegadas. Adentro, un hombre mayor, delgado y muy bien vestido habla con el maître mientras se acomoda en su mesa. Estudia la carta, ordena vieras gratinadas y un vino blanco de Rutini. “Voy a cumplir 80 años”, dice. “Eso es una cosa muy grave. Estoy sentado sobre el tiempo. Vi muchas cosas, imagínese… ¿Sabe usted que estuvo acá Eleanor Roosevelt, la esposa del presidente norteamericano?... ¿Y sabe lo que dijo cuando vio las Catara- no-paraguaya-brasileña), un espacio autónomo, con ruletas, mesas de paño verde y ruido a juego. Del otro lado del edifico, el módulo de las habitaciones se recuesta en el silencio carnívoro de la jungla. El turismo es cosmopolita y heterogéneo; y las Cataratas del Iguazú (“agua grande”, en lengua guaraní), el objetivo más buscado por lentes y gentes de todo tipo. Varios siglos después de que los guaraníes dominaran estas tierras, los historiadores consignaron que las Cataratas del Iguazú fueron descubiertas accidentalmente por el Adelantado español Alvar Núñez Cabeza de Vaca, en 1542, mientras realizaba una travesía desde el la costa atlántica brasileña hasta Asunción del Paraguay. La visión debió haber sido escalofriante y hermosa. Los años fueron abriéndose paso a través de la jungla entre el sueño utópico de las misiones jesuíticas y la fiebre de la conquista sanguinaria, dicotomía que el director británico Roland Joffé vino a retratar al lugar de los hechos en 1986. Su película, La misión, se transformó en un clásico del cine y en un magnífico retrato de época, con las actuaciones de Robert De Niro y Jeremy Irons como garantía. La onda expansiva del choque entre el “nuevo” y el “viejo” mundo todavía se propaga por los bosques.

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En el paisaje árido, el cielo es el árbitro final”, escribió Paul Bowles (*), viajero consumado que encontró su destino último en los horizontes marroquíes. “De repente te descubrís levantando constantemente la vista para mirar el cielo”. Bowles ensayaba así una fascinante elucidación sobre “las tres grandes religiones monoteístas –el judaísmo, el cristianismo y el Islam–, que desplazaron el origen del poder terreno a espacios fuera de la tierra”. Culpa del desierto.En este lugar las cosas son diametralmente opuestas: el poder y las miradas se concentran en la exuberancia de la naturaleza, la vida brota por cada poro de la corteza terrestre y no hay un dios sino varios: están en la pierdas, en las aguas rabiosas, en la selva impenetrable, en las alas de los vencejos que perforan las cascadas para anidar en el risco. Están en todas partes.

*“Cabezas verdes, manos azules”. Paul Bowles, Alfaguara, 1957.

Por Damián Richarte

TIPS
GPS: Ruta 12, Km 1640, Puerto Iguazú, Misiones
Distancias: a 15 km Ciudad del Este, a 10 km de Foz de Iguaçu, a 300 km Posadas
Cómo llegar: desde el Parque Nacional, tomar por Ruta 12 hasta el Km 1640
Web: www.iguazugrand.com
E-mail: reservas@iguazugrand.com
Tel: 0800-444-8298 o (54 11) 4372 8700


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