El arte de coleccionar arte

Buscadores de belleza es el título de un libro singular en el que sus autoras, dos histor iadoras de ar te, logran atrapar al lector con referencias poco conocidas de grandes coleccionistas de los últimos tiempos.


E Excéntricos y millonarios. Aventureros y amantes del arte. Entusiastas de las antigüedades y soñadores de imposibles con bolsillos generosos que lograron materializar sus aspiraciones forman parte de una lista nutrida de nombres y

apellidos comentados en este libro. Un conjunto de devotos del arte que a lo largo de la historia han hecho poco a poco sus grandes fortunas con piezas únicas y series puntuales de pinturas, esculturas, dibujos, grabados, vidrios fi rmados, o simplemente cartas o partituras de autores célebres.

Fascinante es la atmósfera que se respira en este trabajo que se desplaza entre bambalinas en torno de subastas, tasaciones, atribuciones simuladas, robos de piezas únicas, falsifi caciones o compras puntuales de museos o fundaciones. La visión de sus autoras (María Dolores Jiménez-Blanco −Granada 1959 −, profesora en la Universidad Complutense de Madrid y colaboradora habitual de La Vanguardia de Barcelona, junto con Cindy Mack −Nueva York, 1957 −, profesora de la Boston University de Madrid) logra seducirnos para disfrutar de una lectura viva, fl uida y plena de anécdotas imperdibles. La portada de la edición cautiva de entrada: Peggy Guggenheim (tal vez la coleccionista más célebre del siglo XX ) en Venecia, con sus tres perritos y anteojos extravagantes, fotografi ada en blanco y negro por David Seymour, prestigioso integrante de la Agencia Magnum. Peggy escribió su autobiografía (Confessions of an Art Addict), en la que narra las diferentes etapas de su camino en el arte. En 2000, la actriz Amy Madigan interpretó a la mecenas neoyorquina en el fi lme Pollock, que personifi có Ed Harris. En la actualidad, los cuadros de Peggy Guggenheim están en el Museo Guggenheim de Venecia, ciudad en la que vivió muchos años, y otras grandes obras en la famosa Guggenheim Foundation, creada por su tío Salomon, que alberga en Manhattan exposiciones temporales.

Según el crítico Pierre Cabanne, “Peggy permanece en la herencia, si puede llamarse así, que han dejado en sus paredes sus sucesivos amores; porque los hombres que amó no fueron corrientes, y las pinturas, esculturas y otros tesoros que hay en los corredores y en las salas de su palacio reclaman, desde su propio lugar en la historia de la vida de Peggy, momentos de felicidad, deseo, curiosidad o expectación.”

Ya desde las primeras páginas de Buscadores de belleza es posible sentirse próximo a la efusión de sus protagonistas. El capítulo inicial se centra en la impulsiva Louisine E. Havemeyer (1855-1929), quien se promueve con ardor y exaltación como introductora del gusto por los impresionistas. Con sólo 22 años, Louisine ya había adquirido en París una obra de Édgar Degas. Tuvo que pedir 500 francos a algunos familiares próximos, dado que sus fondos no eran sufi cientes. La cifra apenas alcanzaba los 478.500 francos, y aquella compra data de 1912. Hoy habría que sumarle unos cuantos ceros. Otro detalle acerca de esta mujer admirable: cuando murió, en 1929, casi 150 obras de su colección fueron destinadas al Metropolitan Museum de Nueva York; así lo había previsto en su testamento, en el que se impuso una cláusula especial para su hijo Horace: éste podría donar más obras a los dueños del museo siempre que los mismos lograran armonizar con el resto la colección. Actualmente, está considerada como la mayor donación de obras de arte de la historia.

Pero entre tantos coleccionistas que se destacaron en París en la primera década del siglo XX, la escritora norteamericana Gertrude Stein fue posiblemente la más conocida. Muy insertada en la sociedad parisina, su casa del número 27 de la Rue Fleurus (Hemingway la visitaba casi a diario, tal como lo cuenta en “París era una fi esta”) podían verse óleos de Cézanne, Gauguin, Toulouse- Lautrec, Matisse, Picasso y muchos más.

El caso de Richard Wallace (fi gura que acrecentó la colección familiar siguiendo las líneas marcadas por sus antecesores) rellenó los huecos existentes supliendo sus carencias. Si colección consistía en obras de arte francés del siglo XVII: armaduras medievales, esculturas renacentistas, mayólicas, entre otros vestigios de gran valor. La colección Wallace se halla en Hertford House, un palacio londinense de Manchester Square.

Siguen los Rothschild, familia cuyo apellido surge a menudo en la historia del arte como referente y propietaria de las piezas más exquisitas de los mejores museos y bibliotecas europeos. Llegaron a ser los coleccionistas más importantes de Europa durante casi un siglo. Entre su profusa colección, se encuentran rarezas como muebles del Antiguo Régimen, diseños del estilo Marie Antoinette, porcelanas de Sèvres, retratos de la alta sociedad inglesa pintados por grandes artistas del siglo XVIII.

John Pierpont Morgan, Henry Clay Frick, Édgar Degas (artista popular, pero coleccionista casi secreto), Huntington, Isabella Stewart Gadner, Bernard Berenson, Calouste Gulbenkian, José Lázaro Galdiano, Francesc Cambó y Hans-Heinrich Thyssen-Bornemisza son parte de la nómina que conforma el amplio volumen. Cada uno con sus jugosas historias y también fotografías.


ROOMIN Nº15

Viajes Extraordinarios