5 películas para perderse en París

Glamorosa y cautivante, la ciudad más rodada por directores de cine de todo el mundo consigna imágenes monumentales y románticas, imposibles de borrar de la memoria.


V oilà! París ha demostrado ser la ciudad más atractiva para los rodajes cinematográficos, seguida por Nueva York y Roma. Quizás el nacimiento del séptimo arte dejó una huella impar de la mano de los hermanos Auguste y Louis Lumière, considerados como

los padres de esta disciplina. No hay que olvidar que fueron ellos quienes dieron pie a esta industria tras su asombroso estreno de la gran pantalla en el Grand Café de París, plena Place de l’Opéra, a fines de 1895. Pasaron los años, la cinematografía fue desarrollando cada vez más avances técnicos y creativos y la capital francesa siguió siendo favorita entre directores de todo el mundo. Tal es la producción de películas que se han filmado allí, que hace pocos años, la Mairie de la Ville de París –su municipalidad– presentó una exposición documentada en torno a los 600 films que tuvieron lugar en la ciudad. Figuras como Ernst Lubitsch, Vicente Minelli, Billy Wilder, Roman Polanski, Stanley Donen, Woddy Allen son solo algunas de las más célebres que rodaron en medio de sus calles, mercados, puentes e inigualables mesitas de café concurridas por mujeres y hombres elegantes y pintorescos. Uno de los ejemplos más remotos es el de Gene Kelly en Un americano en París, hito indiscutible. Ya en las últimas décadas, se multiplica la seducción parisina en diferentes largometrajes que han hecho suspirar a los más románticos y temblar a los más sensibles por la tensión, misterio o aventura en medio de un marco tan peculiar como el de la Tour Eiffel, el Pont Neuf, Champs Elysées, Saint Germain de Prés o, más arriba, la magnética colina de Montmartre, con su Sacré Coeur y la Place du Tertre. A continuación, cinco perlitas para recorrer la ciudad de las luces.

Sin aliento

(Au bout de soufflé, 1959, Jean-Luc Godard) Drama policial dirigido y escrito por Jean-Luc Godard, es una joya de la Nouvelle Vague que contó con la colaboración de François Truffaut, colega-ícono de este movimiento. Aquí vemos a Jean- Paul Belmondo, Jean Seberg, Daniel Boulanger y Jean-Pierre Melville en los principales roles. Vale considerar que se trata del primer largometraje de Godard, que a su vez le valió el Oso de Plata como Mejor Director en el Festival Internacional de Cine de Berlín de 1960. Las tomas de primeros planos, en las que pueden verse la nuca de Jean Seberg –la menuda actriz de pelo a lo garçon– y a su lado el cuello de Belmondo –ambos en la barra de un café–, en un encuadre que dura unos cuantos minutos mientras se escucha el diálogo entre ambos, es parte de ese concepto psicológico de la Nouvelle Vague que terminó revolucionando el cine en la década de los 60. Otro detalle para tener en cuenta: el consejero técnico y artístico de este film fue nada menos que Claude Chabrol. Caminatas de ambos protagonistas por los bulevares parisinos, o corriendo por callejuelas cortadas cerca del Quai Montebello, la Rue de Seine o la Rue du Dragon, resultan indisolubles en la evocación de un París en blanco y negro.

París je t´aime

(2006) Aquí la gran París, bajo la mirada de un puñado de destacados directores en una propuesta algo pretenciosa por su complejidad): se muestran 18 historias, abarcando cada distrito (arrondissement) de la ciudad, y armando de esta manera una suerte de caleidoscopio de realidades. Cada una de ellas se conecta con París de forma diferente y siempre van unidas por el amor como eje común. Este conjunto de cortos reúne a directores dispares como Joel Coen y Ethan Coen, Isabel Coixet, Wes Craven, Alfonso Cuarón, Christopher Doyle, Walter Salles y Gus van Sant, entre otros; además de la participación de reconocidos actores como Elijah Wood, Natalie Portman, Nick Nolte, Juliette Binoche, Willem Dafoe, Bob Hoskins, Gena Rowlands, Ben Gazzara, Gérard Depardieu, Rufus Sewell, Emily Mortimer, Maggie Gyllenhaal, Steve Buscemi… y la lista sigue. El ejemplo de un cóctel de grandes figuras y puntillas de colores, pero sin la sustancia intensa de una unidad, aunque tiene lo suyo. Inevitable citarla, de todas formas: sigue siendo una valiosa documentación de París. Los lugares elegidos resultan un paseo ideal para deleitarse con la capital francesa: desde el Jardín de Tuileries, elegido en este caso por los hermanos Coen, al inusitado y añejo Quartier Le Marais, donde se sentó a rodar Gus van Sant; un poco más lejos, la emblemática Tour Eiffel, seleccionada por Sylvain Chomet; o, más al Este, la Bastille, zona de teatros y espectáculos por excelencia, donde se situó la catalana Isabel Coixet. Apenas cinco minutos para cada uno. Un popurrí para entretenerse y ver París completo. Por ese lado, un festín.

Amélie

(Le fabuleux destin d’Amélie Poulain, 2001, Jean-Pierre Jeunet) Es otro clásico, cuyo lema dio la vuelta al mundo: “Elle va changer ta vie” (“Ella cambiará tu vida”). El canal Saint-Martin quedó grabado en la retina de todos cuando la joven protagonista arroja piedras al agua logrando los típicos rebotes, que su director, el singular Jean-Pierre Jeunet, supo enfocar entre las escenas tiernas de esta exitosa película. Rodada en Montmartre, esta comedia romántica lanzó al estrellato a Audrey Tautou, actriz que ya venía teniendo papeles destacados y prosiguió en ascenso por su alento y encanto innegables. La célebre Butte, por cuyas escaleras sube y baja la chica del flequillo negro y ojos enormes, integra el recorrido que hace que turistas y curiosos lo visiten cada día. Lo mismo ocurre con otros rincones amados por la jovencita que se propuso cambiar la vida de sus vecinos y compañeros de trabajo, logrando hacerles ver lo que no podían por sí mismos respecto de la felicidad. El Café Deux Moulins (15, Rue Lepic) es otra esquina clave: donde Amélie trabaja como camarera. Fuera de la ficción, este café está ubicado justo frente a la casa del propio Jeunet, que, claro, es uno de sus clientes más frecuentes. A pocos metros se encuentra la frutería Épicerie Collignon (Rue des Trois Frères esquina Rue Androuet), enclave notable del film, con sus sacos de lentejas, garbanzos y grandes coliflores. Y los ángulos de París siguen la pista de esta historia entrañable con música pegadiza de otro grande: Yan Tiersen. Un París para soñar.

París, París

(Faubourg 36, de Christophe Barratier, 2008) Una trama que se despliega entre el drama y la comedia musical, y transcurre en el distrito obrero llamado Faubourg. Años 30 en la zona norte de París, en lo alto de una colina. Tiene una gran vista de París a un lado, y al otro, de los florecientes suburbios. Una pequeña plaza, varias tiendas, edificios desiguales, calles irregulares, empedrados, vendedores ambulantes, y justamente en ese predio, en aquella década de entreguerras, se desarrolla la historia de esta película que muestra los tejados, el cielo gris, la perspectiva de la gran urbe con un marcado clima escenográfico y teatral. Un zoom hace que se llegue velozmente a las puertas del teatro Chansonia, donde cada personaje que aparece supone una revelación de actitud y calidad actoral. Christophe Barratier es el director, y actúan Gérard Jugnot (protagonista de Los chicos del coro y Monsieur Batignol), Clovis Cornillac, Kad Merad, Nora Arnezeder, Pierre Richard (en un papel muy querible) y Bernard-Pierre Donnadieu, entre tantos otros. Es, sin duda, una propuesta candorosa, donde se dan cita valores humanos fundamentales, como la solidaridad, la camaradería, el entusiasmo y la lealtad. Un género que no es fácil de llevar en nuestro tiempo, pero con el charme parisino, en un conclave de personajes inmersos en el mundo del teatro, la bohemia que tan bien pintó Giacomo Puccini, lejos de esta realización, para su más representativa ópera (La bohème), en las inmediaciones del Café Momus. Algo así, pero distinto.

Coco avant Chanel

(2009, Anne Fontaine) Es una reciente película dedicada a la gran creadora de moda Coco Chanel, interpretada por Audrey Tautou, nuevamente con nosotros, en una adaptación del libro biográfico L’ Irregulière, escrito por Edmonde Charles-Roux. La obra en cuestión es una contemplación de su vida, desde los comienzos tristes en un orfanato, pasando por sus aventuras de cantante y desamores, hasta su apogeo mundial como creadora. Acompañan en el reparto Alessandro Nivola, Marie Gillain, Benoît Poelvoorde, Emmanuelle Devos y Roch Leibovici. Este homenaje a los primeros tiempos de Coco –bautizada así por Étienne Balsan, uno de sus amantes en épocas de la chansonnière– está excelentemente ambientado y cuenta con detalles exquisitos que aproximan a la personalidad tan particular de esta mujer fuera de serie que cambió los lineamientos de la moda en Francia y en el mundo. Un tema de Estado, dado que la haute couture es considerada como una seria cuestión en la economía y cultura del país. Chanel, en realidad se llamaba Gabrielle Bonheur, y fue una superdotada en el mundo de la alta costura, aunque, al parecer, gozó de un carácter áspero y complejo, sin mucho sentido del humor. Su vida enredada desde la infancia marca una ardua lucha por superar obstáculos, en un periplo por diferentes lugares, desde el campo de Normandía a París, donde logra un meritorio reconocimiento a partir de su tesón, capacidad y ambición. La Rue Cambon es sinónimo de Coco. Entre la Madeleine y la Place Vendôme puede apreciarse su espacio blanco y negro que sigue pujante como una histórica maison: Modas Chanel, abierto en 1909, regido desde 1983 por su discípulo Karl Lagerfeld, al frente del equipo, con los sombreros, perfumes, vestidos negros y accesorios de perlas con cinco vueltas. ¿Qué sería de París sin Coco, y qué hubiera sido de Coco sin París?

Por Patricia Delmar

ROOMIN Nº15

Viajes Extraordinarios