“Mi ropa refleja mis caprichos. Soy una gran caprichosa”

La diseñadora de moda avant garde más destacada de la Argentina logró figurar entre los cien mejores diseñadores del mundo, y hoy vende sus colecciones en París, Londres, Tokio, Hong Kong y Nueva York.

Jessica Trosman

La diseñadora que habla y mueve las manos recargadas de anillos grandes -solo un ejemplo entre muchas señas personales-, se llama Jessica Trosman. A simple vista es una chica grande de ojos grises y pelo rubio, muy parecida a la adolescente que alguna vez fue, pero enseguida también logra mostrarse como la ambiciosa diseñadora que hizo crecer un verdadero emporio de la moda que, de la Argentina al mundo, vende en 26 países y en las vidrieras top de los Estados Unidos, Europa y Asia. Jessica Trosman lleva una larga década concentrada en hacer lo que le gusta, y como quien encontró una llave luego de años de búsqueda sostenida, cuenta que la identidad y el éxito llegaron sólo cuando pudo sentirse ciento por ciento identificada con lo que producía.

Sólo se viste con las prendas que diseña… A lo sumo agrega algún anillo, zapatos o carteras de otros estilistas. Y a la hora de crear piensa, en primer lugar, sólo en mujeres como ella. “Pensar en distintos tipos de mujeres termina dando como resultado colecciones demasiado variadas, un cocoliche”, dice, y agrega sin eufemismos: “Yo diseño pensando en mí. Mi ropa refleja mi humor, mis gustos, mis malcrianzas, mis divagues, mis caprichos. Soy una gran caprichosa”.

La charla transcurre en la fábrica que alguna vez fue de su padre y en la cual Jessica tiene una oficina cargada de fotos de pasarelas, muestras de diseños y prendas de su última colección. En su encuentro con ROOMIN, empieza abriendo su netbook para mostrar las fotos de su reciente viaje a Italia y despliega todo el entusiasmo que le dejó lo que vivió allí: “Desde que me di cuenta que podía viajar y llamar la atención de otros mercados, cuando estoy segura de querer algo, voy y lo busco. No siento que haya fronteras ni límites para mí. Lo que cambió ahora es que me importa, antes que nada, tener experiencias positivas y placenteras… Me apasiona viajar, no me incomoda moverme, y sintiéndome bien y a gusto adonde estoy, puedo poner el énfasis en si lo que produzco puede rendir o no económicamente. El rédito económico tiene que ser una consecuencia posterior, el resultado de un trabajo que se logra siendo fiel a sí misma”.

Por lo dicho, está claro que Jessica Trosman viaja mucho por trabajo, pero de cuando en cuando se hace tiempo para los viajes familiares y las vacaciones con sus dos hijos- Jerónimo, de 18, y Rosa, de 3- y su marido Pablo, que también trabaja en la fábrica con ella.

“Cuando era chiquita me brotaba ser diseñadora, me encantaba la ropa. Mamá me llevaba a pasear a los negocios de Canning y Corrientes y yo me volvía loca. Supe muy temprano que esto era lo que quería hacer.”

Decías que acabás de volver de Italia…

Sí. Empezamos a vender allá, y el tiempo que pasé en ese país fue increíble. Esta vez fui al interior para una entrevista y ya cuando viajaba hacia ese lugar, en medio del campo, sentía que estaba en una provincia parecida a las nuestras; tenía la misma sensación que cuando agarrás la ruta y te vas al interior del país. Todo es muy parecido, la crianza, la educación, la forma de gritar y de hablar de los italianos te hace sentir como en casa… Los italianos son parecidos a nosotros, son amigables, les preguntás algo en la calle y te ayudan, se ríen y te dicen: “Ah, Maradona”. Tienen un gran sentido del humor y son más espontáneos que los franceses. Hay otro ánimo en la calle, lo pasan bien. En este viaje fui a Florencia, a Como, a Milán…

¿Qué te gustó de esas ciudades?

Todo, ¡qué lindos lugares! En general, cuando viajo, trato de estar acompañada por amigos del lugar o voy con mi marido. Me gusta compartir lo que voy viendo y descubriendo. Esta vez viajé sola, pero lo pasé genial porque paré en la casa de un amigo que me llevó a recorrer Milán en motorino y en bicicleta. Vivir la ciudad y entrar en ella subida a un par de ruedas fue diferente. De repente estábamos en uno de los barrios y mi amigo me decía: “Acá podés hacer todo un relevamiento de las casas de moda más importantes”. Y cuando me daba vuelta, ahí estaba Il Duomo en toda su majestuosidad. Es increíble pensar que alguien haya estado proyectando un edificio como ese. Ves las catedrales y los monumentos en Europa y es escalofriante notar la diferencia con las construcciones actuales. A mí me encanta la arquitectura, y en la actualidad hay arquitectos geniales como Zaha Hadid, pero hoy los tiempos y la manera de plasmar las ideas y construir son diferentes.

¿Qué te atrae de la arquitectura?

Siempre me maravillaron los edificios por lo estético, pero en el caso de las construcciones antiguas, me fascina pensar en cómo generaban la arquitectura. ¿Qué pensaban estos tipos que estaban años y años pintando un techo? Tardaban muchos años para hacerlo y hoy no hay cabeza para pensar en tardar más de un tiempo determinado para hacer algo artístico. Hoy el tiempo se concibe de otra manera, ahora el tiempo es oro y se cobra. Cuando veo trabajos hechos con mucho tiempo de elaboración, lo valoro mucho porque a mí también me gusta tomarme tiempo y eso es lo que hace la diferencia con la ropa. Me gusta saber que, detrás de una prenda, hubo alguien que se tomó un tiempo para pensarla. Voy descubriendo que le puso un bordecito de color y que después dobló la tela para lograr un efecto determinado… Me gustan los diseños simples, pero con alguna intención; lo simple ligado a un pensamiento, a una idea o a un detalle que me vuele la cabeza.

¿Qué refleja tu ropa de vos?

En mis colecciones aparecen situaciones más o menos evidentes, que son casi espejos míos. Yo voy buscando, cambiando, y aunque tengo el mismo gusto desde que nací, creo que lo he ido mejorando y puliendo. Yo no sé si ahora soy mejor diseñadora, pero soy mejor estilista. Me interesa explorar lo masculino y lo femenino que tenemos adentro, y ver cómo eso se plasma en los diseños. La mujer tiene que verse bien y femenina, y yo tengo en cuenta eso aun cuando tenga un costado masculino bastante desarrollado. En ese sentido, un día cualquiera, para ir a la oficina, podés tener la espalda al aire y mostrarte un poco más, aunque adelante la prenda se vea como una remera normal.

Volviendo a los viajes, ¿de qué manera te inspiran para armar tus colecciones?

Los viajes ayudan mucho porque te abren la cabeza. Viajar para mí es como salir para poder sentir otros perfumes que a mí me renuevan mucho, y en cada ciudad pueden ser muchas cosas. Puede llamarme la atención desde un edificio vacío cuando empieza a construirse, hasta el esqueleto de un animal o las texturas que surgen de las escamas de un pez. Ahora estoy colgada con cómo se fueron generando los trajes de policía o astronauta a lo largo del tiempo y por qué llevaban esas mangueras y capuchas gigantes… Me fascinan los cambios de texturas y otros elementos que aparecen en los trajes. Estoy con un libro -muestra un libro de arte con fotos de astronautas- en el que encontré un montón de situaciones. ¡Mirá cómo se vestía este tipo en 1934!

También pueden interesarte un mapa de una ciudad o los Museos de Ciencias Naturales y sus esqueletos…

Sí, tengo un tema con la anatomía, me gusta en general. Desde hace un tiempo, genero textiles que tienen que ver con las pieles de diferentes especies y mezclo mucho las chapas con las pieles. Todo se puede mezclar siempre y cuando se pueda conectar desde un color o una textura. Las mezclas me están llevando a un lugar más interesante que antes, en el que me basaba solamente en una o dos técnicas.

Dijiste que también viajás para no copiar…

Bueno, yo viajo para llevar las colecciones afuera y mostrar la ropa en los showrooms de París y otras ciudades, y aunque necesite conocer un poco qué se hace para no repetirme, mi filosofía nunca fue copiar. Trato de mirar para aprender cosas nuevas y para que no hayan coincidencias, porque a veces te pasa que se te ocurre algo que alguien hizo antes y no podés repetir lo que hicieron las grandes marcas a las que les compran los mismos clientes que nos compran a nosotros. Lo que me interesa es ver cómo trabajar en otros países. Acá tengo una carpeta con costuras japonesas que me apasionan. Ellos cosen con máquinas que acá no existen y que me inspiran un montón.

Entre tantas horas acá en la fábrica y durante los viajes por trabajo, ¿queda tiempo para la vida ahí afuera? ¿Qué hacés cuando no trabajás?

Cuando no trabajo estoy con mi familia. Me encanta estar con mis hijos, con Pablo y también con amigos. Estar en casa o ir a la casa de amigos con hijos y quedarnos horas y relajarnos, es lo que más me divierte. La vida social de Buenos Aires me encanta, me gusta estar adentro y hablar con mi hijo mayor o jugar con mi hija. En el cuarto, con las muñecas y los disfraces, con Rosa podemos pasarnos horas. Eso es lo que más placer me da. También me encanta viajar, me encantaría viajar más seguido con mi familia, todos juntos.

¿Cuánto hace que no te tomás vacaciones?

No me tomo muchas vacaciones, pero en diciembre pasado nos tomamos quince días con Pablo y con los chicos. Fuimos a Punta del Este y alquilamos una casita en un campo donde me desenchufé bastante y casi no veía a nadie. Cuando queríamos ir a algún evento, a la noche, íbamos a la ciudad, pero necesitaba desconectar. Para descansar, siempre elijo la playa.

El resto del año, ¿hay momentos para la soledad y la reflexión, o todo es vorágine, trabajo y rutina?

Bueno, a mi la rutina me funciona, soy una workaholic. Pero también necesito parar y a veces lo consigo recién a la una de la mañana. En general, siempre estoy haciendo algo… No soy una persona de tirarme a ver la televisión los fines de semana. Me gusta mucho mi trabajo, siempre estoy pensando, buscando, y a veces pienso que quizá debería bajar un poco. Tomarme un tiempo para conectarme con otras cosas. Ya no quiero hacer sólo viajes para probar si puedo seguir creciendo en el negocio. La vida es tan sencilla que, cuando ya tenés cierta seguridad en lo que hacés, vale la pena tomarse un respiro.

¿Alguna vez pensaste en vivir en otro país?

Si tuviera la posibilidad de irme afuera, lo pensaría, pero no me divierte irme a otro país, me encanta vivir acá, con los pros y los contras que puede tener una ciudad como Buenos Aires. Acá tenemos una vida familiar y social que no existe en otros países. Acá podés conectarte con el placer y con los afectos de una manera natural, muy sana. Yo viví en los Estados Unidos y allá hay muchas cosas que no existen. Acá nos juntamos con amigos los fines de semana y podemos pasar el día entero comiendo y charlando o descansando. Estéticamente, Buenos Aires también es muy linda. Tiene esas puertas negras con grandes manijas doradas que son tan interesantes, al igual que esa mezcla entre antigua, elegante y decadente que hay en algunos barrios. Además, este es un país en el que convive una diversidad de personajes insólitos que dan lugar a una idiosincrasia muy particular.

Última pregunta, ¿adónde parás cuando vas a ciudades como París o Japón, tus destinos más recurrentes?

En París alquilo un departamento porque vamos varios integrantes del equipo y podemos cocinarnos y sentirnos como si estuviéramos en una casa. Pero he parado en hoteles y me encantan. Esa ciudad es increíble, fui miles de veces. Me acuerdo de un viaje en particular, en el que fui con un compañero de Trosman, y teníamos el showroom en una habitación del hotel y dormíamos en la otra. En ese viaje fuimos de Nueva York a París y a Japón y nos divertimos como nunca, nos movíamos tanto que perdíamos las cosas, incluso perdimos algún vuelo… Con los japoneses, a esta altura, tenemos una relación especial. Siempre es alucinante ir a Japón, llegar allá es como viajar al futuro. La última vez que fui paré en un súper hotel, en un piso 25. Allá, la decoración, la comida y los spas son increíbles. Te ofrecen diferentes tipos de placeres, masajes tremendos… La última vez me quedé dormida en una camilla, rendida y feliz.